Hoy día, hay una preocupación lógica por desarrollar el hábito lector entre nuestros alumnos. Realmente, esta preocupación de quienes se dedican a la enseñanza por cultivar buenos lectores ha existido siempre. Todavía recuerdo lo mucho que leíamos en clase y en casa en aquellos tiempos de la EGB y del BUP. Y es que, efectivamente, la lectura es fuente de conocimiento. A través de una lectura comprensiva, la mente del alumno se abre y evoluciona; la autonomía se refuerza y las expresiones escrita y oral se desarrollan. Ya lo decía alguien que ahora mismo no recuerdo, "mejor que aprender de memoría reglas ortográficas, el alumno debe leer, leer y leer".
En la actulidad los chicos tienen, además de la televisión, los ordenadores y las consolas de videojuegos; y, claro, el culto al poco esfuerzo, desgraciadamente tan generalizado, entre los chavales, hace que el acto mágico de coger un libro, sentarse (o tumbarse) a leerlo e imaginar sus aventuras, pierda frente al magnetismo del plasma o del TFT.
El mero hecho de coger un libro y ver páginas tras páginas por leer, es algo que descoloca a muchos niños. En mi clase, por ejemplo, le ocurre algo parecido a prácticamente la mitad del alumnado. Claro está que los hay que disfrutan con un libro (de los menos, dicho sea de paso), pero lo habitual son resoplidos y desgana... y cuando algo se convierte en una obligación o una imposición, suele perder muchos enteros entre este difícil público.
Un día llevé a clase unos libros que guardo como oro en paño desde mi niñez. Son de la desaparecida serie "Elige tu propia aventura", que popularizara en España, allá por los ochenta, la editorial Timun Mas. Estos libros, para quien no los conozca, tienen de particular que están narrados en segunda persona, de tal modo que el lector es como si fuera el protagonista de la historia. El esquema que presentaban era el de una introducción inicial, y a continuación una serie de alternativas para que el lector decidiera el devenir de los acontecimientos. Al no leerse de forma lineal de principio a fin, la lectura resultaba muy atrayente; y el que hubiera más de un final, te hacía releerlos varias veces.
Cuando expliqué a mis alumnos (en aquel entonces en 5º de Primaria) aquella forma de lectura, se interesaron tanto que querían leer más y más libros de ese tipo. Alumnos que habitualmente no tenían costumbre de leer regularmente, mostraban de repente un interés que me sorprendió. Por desgracia, el abanico actual de títulos de hiperficción explorativa (que así es como se llaman) es reducidísimo. Tan sólo la editorial SM tiene algo de este estilo, con una colección titulada “Colección Laberinto”. Estos son algunos de sus títulos:
- Zigurat. (Autor: Ricardo Gómez)
- La última noche de La Luna. (Autor: Jorge Gómez Soto)
- Laberinto. (Autor: Carlo Frabetti)
- Mundo Arcano. (Autor: Heinz Delam)
- El Palacio de las cien puertas (Autor: Carlo Frabetti)
Ante la imposibilidad de conseguir más libros, caí en la cuenta de que los propios alumnos, ayudados de Power Point o Impress, pueden desarrollar sus propias historias o cuentos de hiperficción explorativa. Estos programas permiten enlazar las diapositivas del rotafolio de la manera que mejor nos convenga; algo que rompe la linealidad que tortura a muchos niños a la hora de encarar la lectura. El storyboard puede diseñarse con un software para creación de mapas conceptuales o diagramas, estilo Concept Map y lo demás ya es imaginación y creatividad.
Todo esto es realizable con alumnos de Primaria; pero hay algo fundamental que los niños no pueden tener de esta forma. Me refiero a la sensación de tocar un libro físicamente, de tocar sus páginas... en definitiva, de saborear la lectura.
Yo animo a todos los escritores de literatura infantil y juvenil a que hagan algo de hiperficción explorativa. También las editoriales tienen que poner de su parte y permitir la publicación de esta literatura que, de forma efectiva, puede ayudar a recuperarnos de este déficit de hábito lector del que tanto nos quejamos en España con los informes PISA.
Démosles a los niños algo nuevo.
Imagen utilizada para la ilustración: "ex-president" de Natanael Amenabar | natanael.blogspot.com - Flickr.

Yo tengo dos libros de esa colección, y déjame decirte que me aún me encantan tanto como me encantaban cuando era un pequeño niños... es cierto que motiva a la lectura, porque en mi caso, no lo veía como un libro, sino como un juego. Después de todo, hoy creo que es una mezcla muy emocionante de ambos... y eso es genial, incluso llegué a escribir una historia así, la llamé "Tu propio día en la escuela"... eso fue a mis diez años, y nunca más volví a escribir algo así... pero hoy estoy repleto de ganas de hacerlo, y si la suerte me acompaña, espero llegar a publicar formalmente mis historias y a ser un digno profesor de Lengua/Literatura... no me gusta el sistema, quiero mejorarlo y por eso seré profesor, ya que en realidad los una gran parte de los educadores no se da cuenta de lo que tiene en sus manos...
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